Hacia finales de los años 50, estudia artes plásticas en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano y cursa dos años del profesorado en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón.
Entre 1966-1967, realiza su primer libro de 500 páginas, con un contenido de grafismos, un estética que trabajará a lo largo de toda su carrera artística. Ese primer libro, fue más tarde encuadernado en dos partes, una primera división bajo el título de Libro 1, y la siguiente como Libro 2. A partir de ese entonces, todos sus libros recibirían una numeración continua dentro de cada año calendario de producción. Los libros se configuraron en el tiempo como “orginales”, con la posibilidad de futuras ediciones.

En 1970, Edgardo Cozarinsky escribe, en conversación con la artista, sobre la posibilidad de un grado cero de la escritura, de “garabatos perfectamente ininteligibles”. Un año después, Roland Barthes define en una famosa correspondencia a Mirtha: “estimada señora: Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas, que podrían ubicarse bajo el nombre de escritura ilegible…”, y ese espacio virtual de trabajo que comenzaron a delinear Cozarinsky y Barthes al enunciarlo, se instaló la obra de Mirtha Dermisache durante mucho tiempo. Los grafismos ilegibles o las escrituras indescifrables son un sello sin duda en toda su producción.
En 1973, Jorge Romero Brest se suma al análisis y propone “escrituras insólitas, en un juego dialéctico entre lo real y lo imaginario”, y más aún percibe “la sensibilidad y la fragilidad de una artista”, rematando su ensayo con una sentencia: “el padecer de los signos”. Un verbo filoso y un ojo agudo el de Romero, cuando el ejercicio y la insistencia en el desvelo nocturno, son también parte de la poética de Mirtha Dermisache.
La participación de obras de Mirtha en exhibiciones y publicaciones del Centro de Arte y Comunicación (CAYC) en esta misma década, le dieron a la artista un escenario y la difusión a su Diario N° 1, Año 1, a sus cartas, textos y relatos que se instalaron en las diversas manifestaciones de esa época y en un amplio circuito de muestras y eventos performáticos, tanto en el país, como en Europa.
A mediados de la década del 70, Guy Schraenen, editor y curador de origen belga, edita, publica y expone sus obras a través de su Archive for Small Press and Communication, sello bajo el cual ha itinerado por diversas ciudades europeas.

Su labor docente, la creación y coordinación de los talleres y las Jornadas del Color y de la Forma, integraron una vez más al público, al espectador como partícipe, como productor junto a la artista de una experiencia estética vital y transformadora. Las últimas jornadas se realizaron en 1981.
Parte de los años 80 representaron un impasse en su producción, un momento de introspección, y en la década siguiente, reaparecen los ejercicios, los textos, las cartas y proyectos de libros, con una renovada pasión por volver a editar. En esta tarea de “multiplicar” su obra, Mirtha ha estado acompañada desde sus inicios principalmente por Guy Schraenen en sus destacadas participaciones en proyectos europeos, y Silvia Ambrosini en Argentina, ambos amigos y asesores de la artista, siempre.

Años de una vuelta al trabajo, a las series, las obras originales y las ediciones. Desde el año 2001 la obra comienza a circular en exposiciones colectivas locales como Palabras perdidas en el Centro Cultural Recoleta -que recupera la tensión de la “letra” en la obra de arte-, y luego su primera exhibición individual en 2004 en El Borde-Arte contemporáneo, después de mucho tiempo de ausencia de visibilidad en Argentina, no así en Europa. A partir de esta exhibición se consolidan la fuerte noción de dispositivo editorial y el concepto de escrituras múltiples, acompañada de uno de sus últimos editores, Florent Fajole. En simultáneo que la edición se reconfigura con identidad potente, la obra original de Mirtha adquiere una reanimada fascinación, en el marco de una exaltación del dibujo como disciplina y expresión contemporánea en el centro de la escena. Otras exposiciones internacionales como “Elles” en el Centre Pompidou, ponen en carrera a una artista contemporánea, significándole además su incorporación a la colección del centro parisino, como así también la muestra colectiva en el Centre Des Livres d’Artistes y en el Pabellón de la Escuela de Bellas Artes de Belfort. Su última muestra colectiva internacional, dedicada al tema de las escrituras ilegibles, tuvo lugar en la galería P420, en Bologna, Italia, junto con artistas como León Ferrari, Hanne Darboven, Irma Blank y Daïdamano, entre otros. Y en 2011, Mirtha organizó en Buenos Aires su último proyecto de exposición individual en el centro de Exposiciones de la Universidad Católica.

Desde su fallecimiento, familiares y amigos emprendieron la labor y misión de conservar su archivo y catalogar su obra. Desde 2013 a la fecha se está desarrollando una intensa tarea de organización del archivo y catalogación de su obra y documentos, liderado hoy por sus herederos y albacea.
Desde aquel momento, la galería Henrique Faría Fine Arts, New York – Buenos Aires presenta la obra de Mirtha a nivel nacional e internacional, y se realiza en su sede de Buenos Aires la primera exposición individual póstuma “Escrituras, dibujos, ediciones... lecturas”, una ocasión y un espacio para reencontrar o conocer una selección de obras de todas sus épocas.